"El amor de Cristo nos apremia." San Pablo, 2 Cor 5,14

"El amor de Cristo nos apremia." San Pablo, 2 Cor 5,14
" Debemos tomar conciencia que hemos de ser una Iglesia no solamente fraterna y solidaria, sino también y esencialmente misionera. (J. L. Corral)

Llamados a construir un mundo más fraterno, tratan de irradiar a los demás el gozo y la esperanza

San Francisco "Instituyó tres órdenes: a la primera ha llamado de los hermanos Menores, a la segunda de las Damas Pobres, Orden de Penitencia es el nombre de la tercera, constituida por personas de uno y otro sexo" (Oficio rítmico de san Francisco. Julián de Espira)

La Orden Franciscana Secular (O.F.S.)

La Orden Franciscana Secular (O.F.S.)

En este blog se pretende aprender entre todos, sobre la espiritualidad de san Francisco, que como religioso nos mostró, el camino a la Verdad que lleva hacia la fuente de vida.

¡Señor que siempre tenga sed de Ti!

Nuestra Señora de Fátima

Nuestra Señora de Fátima

S.E.R

S.E.R

jueves, 27 de mayo de 2010

Conclusiones finales del Congreso Diocesano Misionero La Diócesis de Moron fue declarada en estado de misión permanente








Delegación para la Animación Misionera
Discípulos misioneros: “Ustedes son la luz del mundo y la sal de la tierra”
La Diócesis fue declarada en estado de misión permanente
El 23 de mayo, domingo de Pentecostés, durante la clausura del primer Congreso Diocesano Misionero, Mons. Eichhorn realizó el envío de los participantes y declaró a la Diócesis en estado de misión permanente.
Invitando a asumir una firme decisión misionera y remarcando la necesidad de una conversión pastoral, como un camino concreto, el Sr. Obispo se comprometió a redactar una Carta Pastoral para proponer a toda la Diócesis el proyecto misionero diocesano, en articulación con el itinerario de Pastoral Orgánica. Asimismo, en espíritu de comunión con toda la Iglesia argentina, subrayó las acciones destacadas que el Episcopado propone para la misión permanente, para que enmarquen dicha propuesta misionera.“Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes”Mensaje de Mons. Eichhorn“La Pascua ha llegado a su plenitud; el don del Espíritu ha sido derramado sobre la Iglesia. Esto llena de alegría nuestros corazones, nos enciende con el fuego del amor. Nos sentimos llenos de entusiasmo para salir a anunciar y compartir esta Buena Nueva: ¡Cristo resucitado está entre nosotros! ¡Él nos ha dado su Espíritu, un mundo nuevo ha comenzado!
Es el pregón misionero que Jesús nos confía: “Como el Padre me envió, así yo los envío a ustedes” -lo escuchábamos hace un instante en la proclamación del Evangelio- y es lo que queremos, como discípulos misioneros asumir como estilo de vida y tarea prioritaria.
Para esto Jesús nos da su Espíritu: “Sopló sobre ellos y les dijo: ‘Reciban el Espíritu Santo…’”; sólo con esta fuerza, esta luz, este amor, podemos llevar a cabo este mandato y ser fieles al Señor con nuestra entrega generosa.
Recordemos lo que nos dice Aparecida: “La fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda activad misionera. Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo hizo. El sigue convocando, sigue invitando, sigue ofreciendo incesantemente una vida digna para todos. Nosotros somos ahora, en América Latina y El Caribe, sus discípulos y discípulas, llamados a navegar mar adentro para una pesca abundante. Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos, con valentía y confianza, a la misión de toda la Iglesia” (DA 363).
Terminamos este 1º Congreso Misionero Diocesano. Ahora nos queda asumir el desafío. Es la “firme decisión misionera” que todos debemos asumir, entrando “decididamente, con todas sus fuerzas en los procesos constantes de renovación misionera…” (id. 365).
Esto significa sacudir nuestra conformidad y comodidad, superar la tentación de mantener lo que tenemos, sin mirar el mundo que ha cambiado, nuestras comunidades que se están diezmando paulatinamente, la necesidad de Dios que tienen nuestras comunidades y sus hombres y mujeres, que conviven en este gran conglomerado humano que es nuestra Diócesis. Es necesaria la conversión pastoral, lo cual significa una “necesidad, en fidelidad al Espíritu Santo que la conduce, una renovación eclesial, que implica reformas espirituales, pastorales y también institucionales” (DA 367).
“¿Qué se entiende por conversión pastoral? No hay dudas que si hablamos de ‘conversión’, este término está vinculado a ‘errores, infidelidades, incoherencias y lentitudes’ pastorales que hay que abandonar para que la transmisión del Evangelio sea más fecunda” (CEA: Carta Pastoral, sept. 2009).
La conversión pastoral, tanto de los ministros ordenados, como de los agentes pastorales y las mismas comunidades se impone hoy, más ante la exhortación de Aparecida: “…abandonar las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe” (365); parroquia que no se renueva, se muere. “La conversión pastoral de nuestras comunidades exige que se pase de una pastoral de mera conservación, a una pastoral decididamente misionera. Así será posible que el ‘único programa del Evangelio siga introduciéndose en la historia de cada comunidad eclesial’ con nuevo ardor misionero, haciendo que la Iglesia se manifieste como una madre que sale al encuentro, una casa acogedora, una escuela permanente de comunión misionera” (DA 370).

Conversión pastoral implica, por tanto, mucho más que planificar y realizar eventos pastorales misioneros -que siempre serán necesarios-, sino un cambio de mentalidad: asumir un estilo misionero, evangelizador, constante y permanente en el interior y vida misma de nuestras comunidades, más aún, renovar el ardor y la pasión por evangelizar: comunicar a todos el don que he recibido, la Vida Nueva en Jesucristo. Es el sentido de la misión permanente: eventos continuos y estilo de vida renovados.

Terminado este 1º Congreso otras instancias nos esperan
En primer lugar, me comprometo a redactar una Carta Pastoral para proponer a toda la Diócesis el proyecto misionero diocesano, en articulación con el itinerario de Pastoral Orgánica. Este será un camino concreto, que cada comunidad, en comunión y participación de todos sus miembros, intentará recorrer adecuándolo a su propia realidad.
En segundo lugar, en espíritu de comunión con toda la Iglesia argentina, subrayar las acciones destacadas que el Episcopado nos propone para esta misión permanente:
a) Alentar un estilo misionero en la pastoral orgánica y diocesana, en especial desde la Parroquia.
b) Priorizar una pastoral misionera desde la catequesis de iniciación.
c) Promover el compromiso misionero hacia una sociedad más justa y responsable. Pastoral Familiar y Doctrina Social de la Iglesia.
d) Expandir procesos misioneros permanentes.
Estas orientaciones deberán enmarcar toda nuestra propuesta misionera.

Ante esta tarea, podemos quizá sentir temor al esfuerzo grandioso que tenemos que realizar, y habrá, sin duda, muchos obstáculos; escuchamos la voz de Jesús: “¡No tengan miedo!”; Él nos ha llamado, Él nos envía, Él nos acompaña, Él nos da el Espíritu. Esto anima nuestra confianza; la obra es suya, nosotros cooperamos con nuestro trabajo. Con oídos de discípulos, escuchemos una y otra vez aquello que Él dijo a los apóstoles en el lago de Tiberíades: “Tiren la red a la derecha”. Ojalá como Pedro todos digamos siempre: “En tu nombre echaré las redes”. ¡Confianza, seguridad, Él está con nosotros!¡Iglesia de Nuestra Señora del Buen Viaje! Como María, nuestra Madre, no dudemos en decirle al Señor: “He aquí tu servidora, que se cumpla en mí tu Palabra”.María, Madre de la escucha y de la misión, ayúdanos a ser fieles a Jesús. Amén”.



Congreso Misionero Diocesano
Conclusiones finalesLos congresistas reunidos en torno de la Fiesta de Pentecostés, descubrimos juntos la invitación de Jesús a alentar la vocación misionera de la Diócesis, a través de estas acciones: ENCONTÁNDONOS, ABRIÉNDONOS, SALIENDO. Por eso queremos responder con éstas propuestas:
· ENCONTRÁNDONOS. Para ser discípulos misioneros en nuestra Diócesis necesitamos conocernos, vincularnos y formarnos juntos para la misión.
Además, celebrar encuentros festivos misioneros que nos animen en la fe y sean anuncio de Jesús vivo.
· ABRIÉNDONOS a los otros, asumiendo una actitud de apertura e inclusión.
Reconectándonos con la realidad juvenil, abriéndonos a su mundo; creando espacios apropiados para chicos; jóvenes, familias.
· SALIENDO al encuentro de los más alejados de distintas maneras: Misionando en el barrio; promoviendo la lectura orante en pequeñas comunidades de base; con retiros u otras instancias ofrecidas por los movimientos; saliendo a los jóvenes en los lugares que se convocan; utilizando los medios de comunicación y las nuevas tecnologías.
Qué propone el Congreso:
Instalar la misión permanente con un proyecto de misión diocesano que nos dé criterios comunes, que cada comunidad, movimiento y escuela pueda adaptar a su realidad con proyectos y estilos misioneros adecuados a niños, jóvenes, familias, pobres, débiles y sufrientes, propiciando la participación de todos, sumando conocimientos y voluntades.
Cómo:
En todas las propuestas concretas que se propusieron desde los grupos, aparecieron constantes que proponen una TRANSFORMACIÓN en nuestras comunidades para vivir en misión permanente.
El encuentro personal con Jesús es lo primero que nos transforma, nos capacita par la transformación que la comunidad necesita, para que nuestros criterios sean evangélicos y nuestros vínculos de familia (retiros, grupos de oración).
· Asumir la vida cotidiana como el ámbito propicio para nuestra pastoral, transforma nuestra comunidad de una pastoral paralela a la vida de la gente, a una comunidad de discípulos misioneros que la asume como camino de la misión permanente. (familia, trabajo, estudio, entidades barriales, políticas, escolares, fiestas, etc.)
· Vivir nuestras comunidades como familia, transforma la institucionalización y burocratización en realidades fraternas. Que vayan naciendo comunidades pequeñas, cercanas, personales.
· Vivir la complementariedad de las vocaciones (laicos, sacerdotes, consagrados, obispos) transforma lo monopolizado o capitalizado en una sola persona, en comunidades donde hay diálogo y riqueza de carismas y ministerios.
· Vivir la fiesta como espacio que transforma los vínculos que son formales y distantes, en vínculos fraternos, de familia. El deporte, la cultura, la música, son formas de vincularnos con la gente como interlocutores válidos y valiosos. Es un encuentro y ahí se realiza el acontecimiento evangelizador.
· Vivir la solidaridad, el contacto con los que sufren, transforma nuestra comunidad, porque salimos del individualismo e indiferencia y el que sufre se hace parte de la comunidad. Su vida nos enriquece y nos abre a Jesús.
· Vivir el encuentro y la comunicación con espacios y canales adecuados, transforma la Diócesis de comunidades que trabajan aisladamente, en una gran comunidad que suma sus esfuerzos.

Para convocar más agentes animadores de la misión jóvenes proponemos:
Generar espacios específicos de tiempo, acompañamiento, integración y comprensión.
Formación de animadores de jóvenes, promover la lectura orante.
La riqueza de la fuerza de la juventud y la experiencia de los adultos que orientan y acompañan



Congregación de los Sagrados CorazonesVocación misioneraSaludos desde Perú
El R. P. Hermann Wendling es un sacerdote de origen alemán, perteneciente a la Congregación de los Sagrados Corazones. En la Diócesis, fue párroco de Sagrada Familia de Morón Sur. Después de 20 años en Argentina, en el 2004 se trasladó a San Juan del Oro, Perú, para remplazar al P. Francisco. Desde el 14 de mayo de 2010, es el párroco de Santa Rosa de San Juan del Oro, y administrador parroquial de Yanahuaya y Putina Punco.Desde aquel lejano pueblito de la selva peruana, nos acerca sus mejores deseos para Pentecostés y el Bicentenario; y encomienda su Parroquia a nuestra oración, que este año cumple sus Bodas de Oro.

Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón

OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE MORÓN
Sr. Fabián Parodi.
De lunes a viernes de 9 a 12 horas.
Buen Viaje 936 - Morón
Teléfono: 4629-3143
E-mail:
encuentrodiocesano2005@gmail.com / obmoronprensa@speedy.com.ar

Se autoriza la reproducción total o parcial de la información que ponemos al servicio de nuestros lectores, citando la fuente (Koinonia, newsletter de la Oficina de Prensa del Obispado de Morón).










Bicentenario de la Patria


Bicentenario de la PatriaAgradeciendo al Señor por los 200 años del nacimiento de la PatriaEl Te Deum
Conmemorando el Bicentenario de la Patria, este martes 25 de mayo, se llevarán a cabo en la Diócesis diversos actos litúrgicos en acción de gracias al Señor por el don de nuestra Argentina:En la Iglesia Catedral, el Sr. Obispo acompañado por autoridades municipales, presidirá el Te Deum que comenzará a las 16.00 hs.. La Parroquia Sagrado Corazón, cabecera del partido de Hurlingham, lo llevará a cabo a las 12.00 hs.; en la ciudad de Haedo, en la Parroquia Santiago Apóstol y San Carlos Borromeo, la celebración está prevista a las 11.00 hs., luego del tradicional festejo, que comenzará a las 9.00 hs.

A modo de aporte para que todos cantemos gozosamente el tradicional Himno de Acción de Gracias de la liturgia romana, continuamos compartiendo reflexiones del Obispo de San Rafael, Eduardo María Taussig, publicadas en el libro: “El Te Deum y otros aportes en camino al Bicentenario”:

El Te Deum nos pone a todos ante Dios para alabarlo e ilumina las conciencias para mejor servir a la Patria…Este antiguo himno hunde sus raíces en una añeja tradición de la Iglesia y ha servido en los momentos significativos de la historia argentina para unir la entera comunidad en actitudes ennoblecedoras y dignificantes. Más de 1600 años tiene este cántico. Mucho tiempo se creyó que fue compuesto por San Ambrosio de Milán para el bautismo de San Agustín. Estudios más precisos, del siglo XIX, lo atribuyen al Obispo San Nicetas de Remesiana, en Serbia, hacia fines del siglo IV o principios del V, aunque algunos autores lo remontan hasta el año 252 y lo atribuyen a San Cipriano de Cartago. Utilizado en las solemnidades litúrgicas y en innumerables acontecimientos civiles, fue compañero singular de la vida de la Iglesia y de los pueblos cristianos a lo largo de los siglos. En nuestra historia, fueron memorables -entre muchos- antes de los sucesos de Mayo de 1810, los entonados la tarde del 14 de agosto de 1806, dando gracias al Señor por la Reconquista de Buenos Aires, y el proclamado el 19 de julio de 1807 luego de la exitosa Defensa contra el invasor extranjero. La Junta de Mayo, que asumió la soberanía del pueblo ante la invasión napoleónica, ordenó el Te Deum, con la mayor solemnidad posible, como uno de sus primeros actos de gobierno, lo cual se concretó en la Catedral de Buenos Aires, en ceremonia presidida por el Obispo Lué y Riega, y fue predicado por el sacerdote Doctor Diego Estanislao Zavaleta, el 30 de mayo de 1810. Pocos días después, el cabildo de Luján dispuso hacer rezar, el 17 de junio, un Te Deum por la instalación "del primer gobierno patrio".Famosos fueron otros Te Deum conmemorativos del nacimiento de la Patria: el del Pbro. Dr. Victorio de Achega, en 1813, en la Catedral de Buenos Aires; el del Deán Funes, en la Catedral de Córdoba, el 25 de mayo de 1814; el de Fray Pantaleón García, en la misma Catedral al año siguiente; el del Pbro. Dr. Ignacio de Castro Barros, en Tucumán, el 25 de mayo de 1815. En mayo de 1816, en vísperas de la apertura de las sesiones del Congreso de Tucumán "el Pbro. Manuel Acevedo pronunció el Te Deum".Y para detenernos en algunos de los más significativos luego de la declaración de la Independencia, recordemos tan sólo tres: el que precede a las deliberaciones constituyentes convocadas por Urquiza, en Santa Fe, en 1852; el que pronunció el célebre orador de Constitución, Fray Mamerto Esquiú para estimular su jura, el 9 de julio de 1853 en Catamarca; y el que conmemoró el primer centenario de la Patria, el 25 de mayo de 1910 en la Iglesia Catedral de Buenos Aires.De este modo, este "cántico de alabanza y de acción de gracias que se eleva (...) a Aquel que, siendo eterno, nos acompaña en el tiempo sin abandonarnos nunca y que siempre vela por la humanidad con la fidelidad de su amor misericordioso", ha marcado los hitos fundamentales de nuestra historia como Nación y ha expresado el sentir común de los argentinos en momentos clave de nuestra vida política.Enraizados en esta fecunda tradición, tan rica en su policromía de lugares y de eventos significativos apenas esbozada, hoy, nos presentamos ante Dios para rezar una vez más como argentinos el solemne Te Deum. Compartimos así un momento profundamente religioso ante Dios, de todos los argentinos, en nombre de todos los argentinos y para beneficio de todos los argentinos.¿Qué expresa el Te Deum? ¿Por qué es tan significativo este himno? ¿Cuál es su valor?Expresa la actitud más noble y bella que el hombre puede tener ante Dios, que la criatura puede manifestar a su Creador, como se esclarece en su título más antiguo y sus primeras palabras: ¡Te Deum laudamus! ¡A Ti, oh Dios, te alabamos! Los hombres nos ponemos ante Dios en diversas ocasiones: a veces para pedirle o suplicarle, por ejemplo, cuando la enfermedad, el sufrimiento o la muerte nos amenazan; otras, para agradecerle, cuando hemos constatado su ayuda; o para pedirle perdón, cuando tenemos la valentía de reconocer nuestros errores o miserias; también, para ponerlo por testigo de nuestras buenas intenciones y propósitos, como el día en que un ciudadano asume una responsabilidad pública. Son siempre momentos significativos de nuestra existencia personal y social.Pero la alabanza supera en mucho estos momentos. Porque pone en ejercicio la actitud más plena y realizadora que puede vivenciar el hombre. Una vez, un niño -que podía llamarse Eduardo María, o Néstor, o Cristina, o Julio... o como cualquiera de nosotros-, en el catecismo, al recibir la respuesta a la pregunta fundamental ¿para qué hemos sido creados?, cuando su catequista le decía: "para conocer, amar y servir a Dios en esta vida, y para alabarlo eternamente en el Cielo", pensaba para sí: "¡Qué aburrido va a ser esto de alabar a Dios eternamente, sin hacer otra cosa, por tiempos infinitos!. Sólo cuando fue más grande, y tuvo la experiencia más consciente del amor, pudo madurar aquella respuesta y percibir su sencilla profundidad y su riqueza. En efecto, la experiencia del amor nos sirve para entender la alabanza. Sabemos bien que la felicidad plena no se obtiene por el dinero, el poder, la fama, el placer o cualquiera de sus sustitutos. La felicidad auténtica se da en el amor, cuando somos amados y cuando podemos amar, cuando nos realizamos en el amor y somos felices por el amor.Cuando un enamorado goza con la presencia de su amada, o la enamorada con la de su amado, cuando ya no necesitan agradecerse mutuamente sus regalos o los dones que intercambian, o sus cariños, sino que, en un salto cualitativo más excelso, brota del corazón el piropo genuino, el elogio o la palabra apropiada –... y los que aman encuentran las mejores expresiones-, y cuando el amado y la amada pueden decirse mutuamente: "me alegra que tú seas", cuando la alegría profunda del corazón se hace elogio simplemente por la existencia, la belleza o la bondad personal del otro tal como es... allí, entonces, empieza a gustarse lo que es la alabanza. Cuando el hombre descubre al "Dios que es amor" y puede alcanzar en su relación con Él la correspondencia en el amor, la alabanza brota cristalina y pura, como manantial o vertiente de alta montaña, en la sencillez del corazón limpio y humilde. Como en Jesús, tal como nos lo presenta el Evangelio.En este sentido, el Catecismo de la Iglesia Católica nos dice que "la oración de alabanza, totalmente desinteresada, se dirige a Dios; canta para Él y le da gloria no sólo por lo que ha hecho sino porque Él es". Por eso también San Agustín, en inmortales palabras, expresó al comienzo de sus Confesiones: "... A pesar de todo, el hombre, pequeña parte de tu creación, quiere alabarte. Tú mismo lo incitas a ello, haciendo que encuentre sus delicias en tu alabanza, porque nos has hecho ¡oh Senor! para Ti y nuestro corazón está inquieto mientras no descansa en Ti".Una característica singular del Te Deum es que, como la oración que nos enseñó Jesús, el Padre Nuestro, nos lleva a orar a Dios en plural, no en singular. Expresa de este modo la pertenencia de cada uno a la familia de Dios, en la cual nuestra condición de hijos nos hermana a todos los hombres. Nos previene contra todo individualismo egoísta, encandilante y destructivo, y nos abre a una solidaridad corresponsable y enaltecedora. Y al unirnos a la multitud de los apóstoles, profetas y mártires, nos invita a tomar conciencia de nuestra pertenencia a una historia común, en la cual cada uno, según su lugar, contribuye al bien de los demás y, desde su presente, se ancla en la memoria del pasado para construir el futuro. A los argentinos nos viene muy bien esta perspectiva abarcadora e integradora, para mirar los dos siglos de historia común que nos orientan esperanzados a celebrar el próximo bicentenario. Además el Te Deum asocia a todos: laicos y religiosos, autoridades y pueblo, grandes y pequeños, ricos y pobres. Como una sinfonía que suma todas las notas de la escala. Como un coro que integra los diversos registros para lograr la más bella expresión. Esta unión armónica refleja, entre otras cosas, la legítima autonomía y la adecuada cooperación que la autoridad civil y la religiosa se deben mutuamente, para servir adecuada e integralmente a todo el hombre, a cada hombre y a todos los hombres. Más aún, al asociamos incluso a los mismos ángeles para aclamar a Dios con el adjetivo más propio y distintivo que a Él le cuadra, el triple "Santo", nos dignifica y nos lleva a alturas maravillosas, como la música que exalta nuestro espíritu y da vida y movimiento al ritmo del amor y la alabanza. *** Ahora bien, cuando el caminante eleva su mirada al cielo, o el montañista a la cumbre lejana, sus ojos no sólo se deleitan con las bellezas del horizonte, sino que sus pupilas se calibran más ajustadamente y pueden, por ello, conducir mejor sus pasos sobre el sendero que pisan metro a metro para alcanzar la meta. De modo similar, cuando el hombre se eleva en la alabanza a su Creador, su mirada se purifica y su conciencia se ennoblece, para mejor guiar las opciones de su libertad en la construcción de la historia cotidiana y llegar un día a la alabanza eterna del Cielo. La conciencia es ese sagrario inviolable de cada persona donde el eco de la voz de Dios se hace oír a cuantos quieren con rectitud usar una brújula fiel, que todo hombre posee como clave de su dignidad y de su libertad, para ser felices y navegar sin perder el rumbo en las tormentas y los avatares de la vida personal o social. Por eso, para quienes creen en Dios, la fe ilumina su conciencia, y para quienes no tienen este don, su conciencia recta les puede permitir, incluso, alcanzar a Dios. El Te Deum bien vivido lleva a un rico intercambio entre Dios y la conciencia. Puede, incluso, anticipar y preparar ese diálogo que la conciencia de cada uno tendrá con Él al final de la propia existencia, cuando, luego de la muerte, sea ella nuestro testigo ante su juicio justo y misericordioso. De algún modo, el movimiento profundo que inspira el Te Deum hace eco de las tablas de la ley que Moisés recibió en el Sinaí y que también se halla en la conciencia de todo hombre. En efecto, en la primera de ellas estaban inscriptos los primeros tres mandamientos: amar a Dios sobre todas las cosas, no tomar su santo nombre en vano, santificar las fiestas. En la segunda de ellas, los demás: no matar, no fornicar, no robar, no mentir, etc. Como gozne o bisagra, el mandamiento cuarto: "honrarás a tu padre y a tu madre". ¡Justamente, el que funda el amor a la patria, la tierra o herencia de los padres! ¿No nos estará indicando este orden que para servir bien a la Patria, como lo hicieron nuestros próceres de Mayo, es necesario guardar las dos tablas del decálogo? ¿No nos está diciendo que la fidelidad a Dios nos ayudará como hermanos, a erradicar plenamente el crimen, la deshonestidad, la falsía y otros males, en la tierra que hemos heredado? ¿No nos está mostrando que respetar la segunda tabla nos permitirá mirar a Dios con serena confianza al terminar cada día y al llegar al atardecer de la vida, ante su veredicto final? No tengo duda de que ponernos con rectitud de conciencia ante Dios nos ayudará a construir la Patria. No tengo duda de que construir la Patria con responsabilidad nos prepara del mejor modo a cada uno para el encuentro definitivo con Dios. En ambas direcciones nos ayudará, a todos los argentinos, rezar bien el Te Deum.


Delegación para la Comunicación Social de la Diócesis de Morón


OFICINA DE PRENSA DEL OBISPADO DE MORÓN
Sr. Fabián Parodi.
De lunes a viernes de 9 a 12 horas.
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miércoles, 26 de mayo de 2010

La venida del Espiritu Santo

La venida del Espíritu Santo

La admirable venida el Espíritu Santo refiérese en el Libro de los Hechos de los apóstoles por estas palabras: “entrados los apóstoles en la ciudad de Jerusalén, subiéronse a una habitación alta, donde tenían su morada Pedro y Juan, Santiago y Andrés, Felipe y Tomás , Bartolomé, y Mateo, Santiago hijo de Alfeo, y Simón llamado el Celador y Judas hermano de Santiago. Todos los cuales animados de un mismo espíritu, perseveraban juntos en oración, con las piadosas mujeres, y con María la madre de Jesús y con los hermanos y parientes de este Señor. Al cumplirse, pues, los días de Pentecostés,estando todos juntos en un mismo lugar , sobrevino de repente del cielo, un ruido, como de viento impetuoso , que soplaba y lleno toda la casa donde estaban. Al mismo tiempo vieron aparecer un como lenguas de fuego, que se repartieron y se asentaron sobre cada uno de ellos: entonces fueron todos llenos de Espíritu Santo. , y comenzaron a hablar en diversas lenguas, las palabras que el Espíritu Santo ponía en su boca, : Había a la sazón en Jerusalén , judíos piadosos y temerosos de Dios , de todas las naciones del mundo . Divulgado, pues este suceso, acudió una gran multitud de ellos y quedaron atónitos, al ver que cada uno oía a los apóstoles en su propia lengua. Así pasmados todos y maravillados, se decían unos a otros: ¿Por ventura estos que hablan, no son todos Galileos rudos e ignorantes? Pues ¿cómo es que les oímos, cada uno de nosotros hablar nuestra lengua nativa? Partos, Medos, Elamitas, los moradores de Mesopotamia, de Judea y de Capadocia, del Ponto y de Asia, los de Frigia, de Panfilia, , y del Egipto, los de la Libia , confinante con Cirene, y los que habían venido de Roma, tanto judos como prosélitos, los cretenses y los Arabes, los oímos hablar en nuestras propias lenguas las maravillas de Dios, (Hechos de los Apóstoles, cap. 11) . Los efectos que obró el espíritu santo en los apóstoles fueron tan admirables como las obras con que asombraron al mundo. Infundióles una celestial sabiduría para que entendiesen y comprendiesen los misterios altísimos de Dios que habían de predicar; imprimióles en sus corazones la ley de gracia, alentándoles soberana fuerza para cumplirla perfectísimamente, y sobre todo los abrasó con un amor tan encendido, tan ardiente y fervoroso, que si mil vidas tuvieran, las ofrecieran por Cristo. Este fuego de amor es el que los animaba para que saliesen luego al encuentro a todo el poder del mundo y del infierno: y para decir en pocas palabras lo que obró por ellos este divino Espíritu en esta venida, no es menester sino considerar la conversión del mundo que resultó de ella por la predicación de los sagrados apóstoles,; los cuales, no eran más que doce pobres y despreciados pescadores, sin elocuencia ni sabiduría humana , sin favores ni amistades de príncipes
Reflexión: Además de aquella venida tan visible y prodigiosa del Espíritu Santo, hay otra invisible que siempre dura y obra cosas muy admirables en las almas de los justos enriqueciéndolas con sus dones y con su real presencia. El es el que alumbra con soberana luz su entendimiento, el que enciende en amor de Dios su voluntad; de manera que los que le reciben por una sincera conversión se sienten como trocados en otros hombres muy diferentes de lo que antes eran.
Oración: Oh Dios, que en el día de hoy, derramando la luz de Espíritu Santo, sobre los corazones de los fieles, les enseñaste la verdad divina; concédenos que por el mismo Espíritu sintamos de ella rectamente, y gocemos siempre de su consolación. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén

miércoles, 19 de mayo de 2010


En el beso del leproso experimenta la cercania de Dios














Para Tomás de Celano, toda la misión de san Francisco debe entenderse a la luz de la relación pecado/conversión a través de la penitencia. «Fue, pues, la mano del Señor la que se posó sobre él y la diestra del Altísimo la que lo transformó, para que, por su medio, los pecadores pudieran tener la confianza de rehacerse en gracia y sirviese para todos de ejemplo de conversión a Dios» (1 Cel 2). Y el Santo habló a sus compañeros en los siguientes términos: «Consideremos, hermanos queridos, nuestra vocación, a la cual por su misericordia nos ha llamado el Señor, no tanto por nuestra salvación cuanto por la salvación de muchos otros, a fin de que vayamos por el mundo exhortando a los hombres más con el ejemplo que con las palabras, para moverlos a hacer penitencia de sus pecados y para que recuerden los mandamientos de Dios», notamos que el mensaje es tan actual como hace 800 años, nuestra actividad debe ser de tener una actitud activa en la misión predicando a la manera de Francisco,




Se destaca por su profunda oración, humildad, pobreza y penitencia. Servidor de pobres y moribundos. No lo aceptan en las comunidades religiosas, lo deja todo para vivir como mendigo dedicado a la oración especialmente ante la Eucaristía. Benito José Labré fue el primero de los 15 hijos de Jean-Baptiste Labré y Anne-Barbe Grandsire. Nació el 26 de Marzo de 1748 en Amettes, Francia. Se conoce por su director espiritual que desde pequeño tenía una inclinación a la oración y la mortificación. Los padres de Benito José, reconocieron en él sus muestras de piedad por lo que decidieron enviarlo a sus doce años con su tío Francois-Joseph Labré, sacerdote parroquial en Erin. Allí Benito progresó considerablemente en sus estudios de Latín, Historia y otras materias. Sin embargo, no se sentía llamado al sacerdocio sino a ser monje Trapense. Como era aún menor de edad su tío lo envió a pedir el consentimiento de sus padres quienes a su vez se lo negaron. Benito, entonces, volvió con su tío a Erin donde redobló sus penitencias y actos de piedad en preparación para la vida que anhelaba. En 1766 su tío falleció durante una epidemia y Benito, que se había dedicado al servicio de los pobres y moribundos regresó a Amettes a pedir, una vez más, la bendición de sus padres para ingresar a la orden de los Trapenses. Estos, temiendo que su oposición ofendiera a Dios, le dieron su permiso. Un tío materno, sin embargo, sugirió su entrada con los Cartujos de Valaldegonde. Su aplicación fue rechazada por los Cartujos; pero Benito fue dirigido a otro monasterio de la orden en Neuville. Allí le dijeron que como no tenía todavía 20 años no había ninguna prisa y mientras esperaba podría aprender lógica. Durante los próximos dos años Benito continuó aplicando sin éxito al monasterio de La Trappe. Entonces decidió regresar a Neuville donde estuvo 6 semanas como postulante con los Cartujos. Como parecía no estar llamado a esta orden, obtuvo admisión con los Cistercienses en Sept-Fonts en Noviembre de 1769. Durante su estadía en Sept-Fonts fue gran ejemplo para toda la comunidad por su humildad y exactitud en la observancia de la fe. Desafortunadamente, por problemas de salud, se decidió que su vocación era otra. Una vez recobrada su salud, cruzó los Alpes hacia Italia y desde Chieri in Piedmont escribió una carta a sus padres, la última que recibirían de él, pidiéndoles que le perdonaran por los inconvenientes que les causó y les informaba su intención de entrar en un monasterio en Italia. Durante este tiempo, tuvo una iluminación interior en la que entendía que era la voluntad de Dios que dejara su país, su familia y sus posesiones para vivir una vida de mortificación en medio de la gente y no en un claustro, visitando como peregrino los lugares de devoción Cristiana. Durante el resto de su vida, nunca dudó que esta fuera la voluntad del Señor. Benito sometió esta inspiración a su confesor quien le aconsejó seguirla sin preocupación. Benito empezó sus peregrinaciones vistiendo un abrigo viejo, con un rosario en el cuello y otro entre sus dedos y con sus manos abrazando un crucifijo que llevaba al pecho. En una bolsa pequeña llevaba una copia del Nuevo Testamento, un breviario que recitaba diariamente, y una copia de la Imitación a Cristo. La única ropa que tenía era la que llevaba puesta. Dormía al aire libre y en el piso. Se procuraba la comida ya sea del basurero o sobras que recibía. Nunca pidió limosna y si la recibía usaba una pequeña cantidad y lo demás lo repartía entre los demás pobres. Benito era no solo estricto en su pobreza sino también en su comportamiento, hablaba raramente y la mayoría del tiempo permanecía absorto en la meditación. Pasaba días enteros rezando en las iglesias y estaba tan absorto que perdía noción de sus alrededores. Una penitencia que Benito practicaba al extremo era la de no bañarse. En sus primeros años como peregrino visitó las principales basílicas en Europa incluyendo Loreto, Asís, Nápoles, Bari Fabriano en Italia, Einsinden en Suiza, Compostela en España y Paray-le-Monial en Francia. Los últimos 6 años de su vida los pasó en Roma de donde salía solo una vez al año para peregrinar a Loreto. Mientras vivía en Roma dormía en el Coliseo y visitaba las iglesias, especialmente las que practicaban la devoción de las 40 horas. Allí, pasaba horas en contemplación de nuestro Señor Eucarístico, por lo que muchos le llamaban el santo de las 40 horas. Muchos fueron movidos a un amor más ardiente por la Eucaristía por el ejemplo de este santo. Debido a su salud debilitada Benito José fue obligado a pasar las noche en un hospicio para hombres. Los administradores vivían impresionados por las virtudes de este santo en especial su humildad y piedad. Benito era siempre el último en recibir su porción de alimento que casi siempre cedía a quien el consideraba tenía más hambre. Y a pesar de su grave enfermedad, que contrajo a principios de la Cuaresma de 1783, el santo se negó a abandonar sus prácticas de piedad. Benito José acudió por última vez a Misa en su Iglesia favorita, Santa María dei Monti, el miércoles de Semana Santa. Al salir de la iglesia se desvaneció ante la mirada sorprendida de la gente de entre la cual un carnicero se apresuró a llevarse al Santo a su casa. Después de recibir los sacramentos Benito José Labré murió el 16 de Abril a las ocho de la noche y la noticia se divulgó de inmediato por las calles, "el Santo murió". El entierro fue en la iglesia de Santa María dei Monti donde en vida permanecía muchas horas contemplando a la Madonna y donde todavía hasta hoy permanecen sus restos. Después de su muerte, muchos milagros se han concedido por la intercesión de Benito José. Su director espiritual relata que hay alrededor de 136 milagros certificados. Benito José Labré, el "Santo Mendigo de Roma" fue canonizado por el Papa León XIII el 8 de Diciembre de 1881.

¿Qué es el servicio para San Francisco?



Por todo ello, Francisco es el santo que no pasa de moda. Es ejemplo de hombre para una sociedad nueva. Es patrimonio tan querido, tan hermoso y tan gozoso, tan imprescindible de la mejor Iglesia y de la mejor humanidad. Decir Francisco es decir Evangelio. Para Francisco, «servir» significaba, ante todo, una peculiar actitud ante Dios o una especial relación con Él. Varios son los pasajes de sus opúsculos que hacen referencia a esta dimensión de servicio.

martes, 18 de mayo de 2010

la conversión de san Francisco

Francisco ama a María con un «amor indecible»
por la relación singular que María mantiene con Aquel
a quien se dirige el apasionado amor del Poverello:
Cristo. ¡Es la Madre del Hijo de Dios!

Francisco «rodeaba de amor indecible a la Madre de Jesús,
por haber hecho hermano nuestro al Señor de la majestad»
(2 Cel 198).
El encuentro con Jesús, en el rostro de un hermano leproso.
El otro, el encuentro con Jesús en la Palabra.
El otro, el encuentro con Jesús en el misterio de la Pascua,



en el Cristo de san Damián.
Estos tres hechos en la vida de Francisco de Asís, marcan el proceso suyo de conversión, y lo completan ofreciéndonos, un cuadro, una pintura de santidad completa.



Es el hombre de Dios, y el hombre entregado a los hombres en Dios.




San Francisco de Asís, que todo lo había dejado por Jesús,
estaba tan lleno de consuelos y alegría en medio del
más completo despojo, que se creía ya en el cielo y exclamaba:
"Tanto es el bien que yo espero, que en las penas me deleito"